viernes, 11 de diciembre de 2015

Conferencia Mundial sobre Educación para Todos Jomtien 1990

Se realizó del 5 al 9 de marzo de 1990 en Tailandia. Destaca que la educación es un derecho de todas las personas, independientemente de su género, edad y lugar de origen y lanza la nueva corriente y convicción: Educación para todos. Reconoce que el saber tradicional y el patrimonio cultural autóctono tienen un valor, al mismo tiempo que definen y promueven el desarrollo, que la educación básica debe corresponder a necesidades, intereses y problemas reales del que aprende, y que ha de ser equitativa, es decir, debe darse a todas las personas, entre otras razones porque es el cimiento para un aprendizaje permanente y para el desarrollo humano autónomo.

El fin principal de la educación es crear las condiciones para satisfacer las necesidades básicas de aprendizaje: lectura, escritura, expresión oral, aritmética, resolución de problemas y contenidos básicos necesarios para que las personas sobrevivan, desarrollen sus capacidades, vivan y trabajen con dignidad, mejoren su calidad de vida y continúen aprendiendo.

Resulta interesante observar que la principal preocupación en la Conferencia de Jomtien no fue la educación básica como tal sino las necesidades de aprendizaje básicas. Según se estableció en Jomtien:

«Estas necesidades comprenden tanto las herramientas esenciales para el aprendizaje (tales como lectura y escritura, aritmética, resolución de problemas) como los contenidos básicos mismos del aprendizaje (conocimientos, aptitudes, valores y actitudes) requeridos para que los seres humanos sean capaces de sobrevivir; para que desarrollen sus capacidades intelectuales, vivan y trabajen con dignidad, mejoren la calidad de sus vidas, tomen decisiones fundamentadas y continúen aprendiendo». 

Educación Para Todos


  




PARTICIPANTES:


OBJETIVOS Y METAS de la conferencia

 La finalidad principal formulada en la Declaración Mundial sobre Educación para Todos es satisfacer las necesidades básicas de aprendizaje de todos los niños, jóvenes y adultos. El esfuerzo a largo plazo para alcanzar esa meta podrá realizarse más eficazmente si se establecen objetivos intermedios y se miden los progresos conseguidos en su realización. Las autoridades correspondientes a los niveles nacionales y sub-nacionales pueden definir tales objetivos intermedios, teniendo en cuenta tanto los fines de la Declaración como las metas y las prioridades generales del desarrollo nacional.

 Los objetivos intermedios pueden formularse como metas específicas dentro de los planes nacionales y sub-nacionales de desarrollo de la educación. En general tales metas: (i) indican, en relación con los criterios de rendimiento final, los logros y los resultados esperados en un determinado lapso de tiempo; (ii) precisan las categorías prioritarias (por ejemplo, los pobre s , las personas impedidas); y (iii)se formulan en términos que permiten comprobar y medir los avances hacia elles. Esas metas representan “un piso” — pero no un “techo ” — para el desarrollo continuo de los servicios y los planes de educación.

 Los objetivos limitados en el tiempo suscitan un sentimiento de urgencia y sirven de referencia con la cual pueden compararse los índices de ejecución y de cumplimiento. A medida que las condiciones de la sociedad cambian, los planes y objetivos pueden ser revisados y actualizados. Allí donde los esfuerzos en favor de la educación básica deben centrarse en la satisfacción de las necesidades de grupos sociales o categorías de población particulares, la vinculación de las metas con las categorías prioritarias de los educandos puede ayudar a los planificadores, los profesionales y los evaluadores a no perder de vista la satisfacción de las necesidades de éstos. Las metas observables y mensurables contribuyen a la evaluación objetiva de los progresos.

 Las metas no necesitan basarse sólo en las tendencias y en los recursos actuales; los objetivos iniciales pueden re flejar una apreciación realista de las posibilidades que ofrece la Declaración de movilizar capacidades humanas, organizativas y financieras adicionales en función de un compromiso reciproco de desarrollo humano. Los países con bajo nivel de alfabetización, escasa matricule escolar y recursos nacionales muy limitados tendrán que hacer opciones difíciles para establecer metas nacionales en plazos realistas.

 Los países pueden establecer sus propias matas para el decenio de 1990 de acuerdo con las dimensiones que seguidamente se proponen:

1- Expansión de la asistencia y de las actividades de desarrollo de la primera infancia, incluidas las intervenciones de la familia y de la comunidad, especialmente para los niños pobres, desasistidos e impedidos;

2- Acceso universal a la educación primaria (o a cualquier nivel más alto de educación considerado “básico”) y terminación de la misma, hacia el año 2000;

3- Mejoramiento de los resultados del aprendizaje de modo que un porcentaje convenido de una muestra de edad determinada (por ejemplo, 80% de los maya —res de catorce años) alcance o sobrepase un nivel dado de logros de aprendizaje considerados necesarios;

4- Reducción de la tasa de analfabetismo de los adultos a la mitad del nivel de 1990 para el año 2000. El grupo de edad adecuado debe determinarse en cada país y debe hacerse suficiente hincapié en la alfabetización femenina a fin de modificar la desigualdad frecuente entre índices de alfabetización de los hombres y de las mujeres;

5- Ampliación de los servicios de educación básica y de capacitación a otras competencias esenciales necesarias para los jóvenes y adultos, evaluando la eficacia de los programas en función de la modificación de la conducta y del en la salud, el empleo y la productividad;

6- Aumento de la adquisición por los individuos y las familias de los conocimientos, capacidades y valores necesarios para vivir mejor y para conseguir un desarrollo racional y sostenido por medio de todos los canales de la educación — incluidos los medios de información modernos, otras formas de comunicación tradicionales y modernas y la acción social — evaluándose la eficacia de estas intervenciones en función de la modificación de la conducta.


 Cuando fuera posible, habría que establecer niveles de rendimiento en los aspectos entes indicados: estos niveles deberían ser coherentes con la importancia que la educación básica debe atribuir a la universalización del acceso y las adquisiciones del aprendizaje como aspiraciones unidas e inseparables. En todos los casos, las metas de rendimiento deben incluir la igualdad entre ambos sexos. Sin embargo, la determinación de los niveles de rendimiento y de la proporción de participantes en programas específicos de educación básica que se espera los alcancen debe ser una tarea autónoma de cada país.


Los seis objetivos establecidos en Jomtien fueron:  

   1. Ampliación del cuidado y el desarrollo del niño en la primera infancia.

   2. Acceso universal a la educación primaria y terminación también universal antes del año 2000.

   3. Reducción a la mitad de los niveles correspondientes a 1.990 en cuanto al analfabetismo adulto, con especial atención a la alfabetización de las mujeres.

  4. Mejora de los resultados del aprendizaje, basada en el logro de unos determinados niveles previamente establecidos.

   5. Expansión de la educación básica y la capacitación para jóvenes y adultos.


   6. Mejora en la difusión del conocimiento, las habilidades y los valores necesarios para un desarrollo sostenido.